La moda ha sido un medio de expresión desde tiempos inmemoriales, siglos después pasó a ser considerada un arte en sí misma; ¿cómo sería si, además, se pudiera utilizar como un instrumento para cuestionar ideologías o creencias? Este es precisamente uno de los ejes motores del trabajo de Bárbara Sánchez-Kane, una artista mexicana oriunda de Mérida, ganadora del Chanel Next Prize 2026, premio otorgado por Chanel Culture Fund a los artistas que están redefiniendo radicalmente su campo de acción. Tratar de englobar el trabajo de Bárbara en una sola categoría es una tarea prácticamente imposible, ya que nos encontramos ante una artista -en toda la extensión de la palabra- cuya práctica ella misma la define como “una intersección entre escultura, moda y performance”. La forma en la que llegó a desarrollarse en estas industrias es igual de fascinante que su historia personal; nacida en la capital de Yucatán en el año 1987 en el seno de una familia dedicada al trabajo en la industria eléctrica, desde pequeña estudió en una escuela de monjas y cuando llegó el momento de entrar a la universidad, eligió la carrera de Ingeniería Industrial para continuar con la línea familiar, graduándose a los 24 años; sin embargo, tiempo después, se enfrentó al diagnóstico de cáncer de ovario al comenzar la década de sus 20’s, llevando a Bárbara a replantearse sus metas de vida. Es así como decide seguir su instinto e irse a Florencia a estudiar diseño en la prestigiosa universidad Polimoda en el año 2015; aunque en principio su idea nunca fue tener su propia marca sino trabajar para otros diseñadores, fue el impulso de la gente a su alrededor quienes la animaron a experimentar con una colección propia, lo cual eventualmente derivó en el nacimiento de su marca homónima de ropa Sánchez-Kane, con la idea de desafiar las ideas preconcebidas de lo que se cataloga como feminidad o masculinidad, resultando en piezas sin género definido, sino mas bien como prendas que no siguen una tendencia del momento y se enfocan en proponer un discurso por cuenta propia.
La moda ha sido un medio de expresión desde tiempos inmemoriales, siglos después pasó a ser considerada un arte en sí misma; ¿cómo sería si, además, se pudiera utilizar como un instrumento para cuestionar ideologías o creencias? Este es precisamente uno de los ejes motores del trabajo de Bárbara Sánchez-Kane, una artista mexicana oriunda de Mérida, ganadora del Chanel Next Prize 2026, premio otorgado por Chanel Culture Fund a los artistas que están redefiniendo radicalmente su campo de acción. Tratar de englobar el trabajo de Bárbara en una sola categoría es una tarea prácticamente imposible, ya que nos encontramos ante una artista -en toda la extensión de la palabra- cuya práctica ella misma la define como “una intersección entre escultura, moda y performance”. La forma en la que llegó a desarrollarse en estas industrias es igual de fascinante que su historia personal; nacida en la capital de Yucatán en el año 1987 en el seno de una familia dedicada al trabajo en la industria eléctrica, desde pequeña estudió en una escuela de monjas y cuando llegó el momento de entrar a la universidad, eligió la carrera de Ingeniería Industrial para continuar con la línea familiar, graduándose a los 24 años; sin embargo, tiempo después, se enfrentó al diagnóstico de cáncer de ovario al comenzar la década de sus 20’s, llevando a Bárbara a replantearse sus metas de vida. Es así como decide seguir su instinto e irse a Florencia a estudiar diseño en la prestigiosa universidad Polimoda en el año 2015; aunque en principio su idea nunca fue tener su propia marca sino trabajar para otros diseñadores, fue el impulso de la gente a su alrededor quienes la animaron a experimentar con una colección propia, lo cual eventualmente derivó en el nacimiento de su marca homónima de ropa Sánchez-Kane, con la idea de desafiar las ideas preconcebidas de lo que se cataloga como feminidad o masculinidad, resultando en piezas sin género definido, sino mas bien como prendas que no siguen una tendencia del momento y se enfocan en proponer un discurso por cuenta propia.
Y es que Bárbara se ha autodefinido como una feminista y no teme mostrarlo en su obra, al contrario, lo exponencia en la medida de lo posible y también “busca nuevas maneras de visualizar ‘la cuerpa’”, como dice la artista, dentro de la sociedad masculina hegemónica en la que vivimos, según su punto de vista. Así como la milicia fue el eje central de una de sus reflexiones, también lo han sido otras aristas de la vida cotidiana, como la religión y el consumismo, por ejemplo, y ella piensa que salir a la calle con una pancarta no es la única forma de alzar la voz. Para muestra su primera exhibición individual en Collegium (centro de creación, investigación y exposición de arte contemporáneo en España), ¿Cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler?, donde la yucateca explora de forma inusitada estos dos temas a través de esculturas creadas con accesorios de moda y prendas cargadas de referencias y las presenta en un recinto sacro de más de 500 años de antigüedad; un imponente par de alas de ángeles creado a partir de cinturones de cuero negro montados sobre un andamio evoca el paralelismo entre religión y moda, la manera en la que ambos son un mecanismo para regular comportamientos preconcebidos. Porque la vida diaria, y todo lo que ésta conlleva, es una fuente de inspiración inagotable para Bárbara; no solamente son los murales en las calles o las obras en un museo, sino aquello que mueve sus fibras interiores, como las cartas que se enviaba con su amiga Sofía Alazraki, donde incluían pedazos de tela y otros objetos que denotaban su pasión por la moda, mismas que terminaron convirtiéndose en el libro Fortuna y Fetiche. Para la artista no hay conceptos absolutos, sino múltiples verdades que pueden exponerse desde distintos ángulos, haciéndola incursionar en otras esferas, como la dirección creativa de la portada de uno de los discos de Mon Laferte o su deseo de producir un ballet donde ella coordine desde el vestuario hasta la escenografía, el cielo es el límite.