Magnífica sencillez

Ganador de la Medalla de Oro del Círculo de las Bellas Artes de Madrid, de el León de Oro de la Bienal de Venecia y del Premio Pritzker de Arquitectura, Eduardo Souto de Moura tiene ganado su lugar como uno de los mejores de la historia.

Desde que el hombre dejó de ser nómada y decidió adoptar un estilo de vida sedentario, la arquitectura ha estado presente en nuestras vidas. Si bien al principio fue algo empírico -hablando de las cuevas, por ejemplo- más adelante la arquitectura monumental comenzó a ocupar un lugar relevante en las civilizaciones y con el paso de los siglos se volvió una disciplina clave en el desarrollo de las sociedades; hasta llegar a la época actual, donde la interrogante hoy en día es ¿qué pasará con la arquitectura tradicional como la conocemos con la llegada de la Inteligencia Artificial a todas las áreas de nuestra vida? Y en todos los siglos en medio de toda esta vorágine, han existido personajes fuera de serie que se han encargado de hacer de esta industria una que ha permitido darle vida a través de la imaginación a ideas disruptivas que han representado no solamente el hogar del hombre como tal sino hasta incluso la identidad un punto en particular. Esa genialidad sin fronteras es la que ha caracterizado a lo largo de su carrera a Eduardo Souto de Moura, el segundo arquitecto portugués en ganar el Premio Pritzker de Arquitectura (galardonado en el año 2011). Nacido en la ciudad de Oporto el 25 de julio de 1952, comenzó su vida académica en la Escuela Italiana de su ciudad natal y posteriormente en la Escuela Superior de Bellas Artes de Oporto; como dato curioso, Eduardo comenzó la carrera en el área de las artes -específicamente en la escultura- sin embargo él mismo ha relatado en numerosas ocasiones que fue una amena conversación con el escultor Donald Judd lo que lo hizo cambiar de opinión, ya que el artista le compartió la soledad que se siente al dedicarse a ese oficio ya que es una disciplina solitaria; fue tal el impacto de la conversación que el joven Eduardo optó por cambiar de opinión y estudiar Arquitectura. A lo largo de sus años como estudiante tuvo la fortuna de trabajar al lado de grandes nombres de la industria como Álvaro Siza, quien fue el primer portugués en ganar el Premio Pritzker, y Manuel Pinheiro Fernandez de Sá, quien a su vez era su maestro de urbanismo; posteriormente, una vez terminados sus estudios, abre su propio despacho en 1980 y al poco tiempo recibe su primera comisión importante: el mercado municipal de Braga, terminado en el año 1984 (hoy ya demolido debido a cambios administrativos), otorgándole notoriedad fuera de Portugal gracias al peculiar diseño, puesto que su aparente sencillez -un conjunto de pilares con una cubierta plana y dos muros- resolvía de forma magistral una necesidad del entorno. Y es que precisamente es aquí donde radica la magia del trabajo del arquitecto luso, quien en diversas ocasiones ha declarado que para él la arquitectura no se trata de obras poéticas como lo hacen otros colegas, ni tampoco de explicaciones provocadas de forma intencionada, para él “un objeto es suficiente y no estoy interesado en lo que el autor quería decir, quiero interpretar la arquitectura por mí mismo”. Su motto de crear objetos donde las personas pudieran vivir y ser felices lo aterrizó en los diseños de residencias familiares, primero dentro de su comunidad y posteriormente fuera de ella; tal es el caso de una residencia en Zagreb, donde la idea central del proyecto giraba en torno a desarrollar la vivienda en un estrecho espacio. El resultado fue una casa que por fuera tiene pinta de un edificio minimalista, que bien podría pasar por una moderna galería de arte gracias al patio interior que sirve a la vez de entrada vehicular, que definitivamente no se asemeja a una vivienda tradicional; al interior se divide en tres pisos que albergan los espacios sociales y privados inherentes a un proyecto habitacional y, además, un patio interior en la segunda planta.

2
3

Desde que el hombre dejó de ser nómada y decidió adoptar un estilo de vida sedentario, la arquitectura ha estado presente en nuestras vidas. Si bien al principio fue algo empírico -hablando de las cuevas, por ejemplo- más adelante la arquitectura monumental comenzó a ocupar un lugar relevante en las civilizaciones y con el paso de los siglos se volvió una disciplina clave en el desarrollo de las sociedades; hasta llegar a la época actual, donde la interrogante hoy en día es ¿qué pasará con la arquitectura tradicional como la conocemos con la llegada de la Inteligencia Artificial a todas las áreas de nuestra vida? Y en todos los siglos en medio de toda esta vorágine, han existido personajes fuera de serie que se han encargado de hacer de esta industria una que ha permitido darle vida a través de la imaginación a ideas disruptivas que han representado no solamente el hogar del hombre como tal sino hasta incluso la identidad un punto en particular. Esa genialidad sin fronteras es la que ha caracterizado a lo largo de su carrera a Eduardo Souto de Moura, el segundo arquitecto portugués en ganar el Premio Pritzker de Arquitectura (galardonado en el año 2011). Nacido en la ciudad de Oporto el 25 de julio de 1952, comenzó su vida académica en la Escuela Italiana de su ciudad natal y posteriormente en la Escuela Superior de Bellas Artes de Oporto; como dato curioso, Eduardo comenzó la carrera en el área de las artes -específicamente en la escultura- sin embargo él mismo ha relatado en numerosas ocasiones que fue una amena conversación con el escultor Donald Judd lo que lo hizo cambiar de opinión, ya que el artista le compartió la soledad que se siente al dedicarse a ese oficio ya que es una disciplina solitaria; fue tal el impacto de la conversación que el joven Eduardo optó por cambiar de opinión y estudiar Arquitectura. A lo largo de sus años como estudiante tuvo la fortuna de trabajar al lado de grandes nombres de la industria como Álvaro Siza, quien fue el primer portugués en ganar el Premio Pritzker, y Manuel Pinheiro Fernandez de Sá, quien a su vez era su maestro de urbanismo; posteriormente, una vez terminados sus estudios, abre su propio despacho en 1980 y al poco tiempo recibe su primera comisión importante: el mercado municipal de Braga, terminado en el año 1984 (hoy ya demolido debido a cambios administrativos), otorgándole notoriedad fuera de Portugal gracias al peculiar diseño, puesto que su aparente sencillez -un conjunto de pilares con una cubierta plana y dos muros- resolvía de forma magistral una necesidad del entorno. Y es que precisamente es aquí donde radica la magia del trabajo del arquitecto luso, quien en diversas ocasiones ha declarado que para él la arquitectura no se trata de obras poéticas como lo hacen otros colegas, ni tampoco de explicaciones provocadas de forma intencionada, para él “un objeto es suficiente y no estoy interesado en lo que el autor quería decir, quiero interpretar la arquitectura por mí mismo”. Su motto de crear objetos donde las personas pudieran vivir y ser felices lo aterrizó en los diseños de residencias familiares, primero dentro de su comunidad y posteriormente fuera de ella; tal es el caso de una residencia en Zagreb, donde la idea central del proyecto giraba en torno a desarrollar la vivienda en un estrecho espacio. El resultado fue una casa que por fuera tiene pinta de un edificio minimalista, que bien podría pasar por una moderna galería de arte gracias al patio interior que sirve a la vez de entrada vehicular, que definitivamente no se asemeja a una vivienda tradicional; al interior se divide en tres pisos que albergan los espacios sociales y privados inherentes a un proyecto habitacional y, además, un patio interior en la segunda planta.

6
7-DOBLE